Se aprende a cocinar con muchos maestros. Desde luego, todo comienza en casa, y luego se van agregando nuevos ingredientes, técnicas, recetas. A principios de 1995 me dediqué a escribir mi tesis de pedagogía. Pero me quedaba tiempo libre para ver la tv en horarios en los que antes no la veía. No teníamos canales enteros dedicados a programación gastronómica como hay ahora, de modo que encontrarme con La cocina italiana de Biba fue todo un hallazgo.
Hoy, gracias a YouTube escucho por primera vez su voz, en inglés con marcado acento italiano, en vez del doblaje al que estaba acostumbrada. Anyway, con doblaje y todo, la verdad es que aprendí montón en esas clases: a hacer pasta (después recibí como regalo la maquinita pero comencé haciéndola con un rodillo), a blanquear los tomates antes de hacer la salsa, a preparar tiramisú. Aún guardo los videos en vhs, que observé una y otra vez. Me consta que se aprende observando y después imitando lo observado. Y claro, luego atreviéndose a experimentar con variaciones, cometiendo errores y haciendo descubrimientos propios.
Comparto acá una de sus recetas. Esta es una salsa que se puede servir con distintos tipos de pasta. Yo la hago con chícharos (arvejas) congelados, para ahorrar el paso de cocerlos. El colorido de este plato anuncia su sabor fresco e intenso.
Ingredientes para cuatro personas
Una taza de chícharos cocidos
3 o 4 cucharadas de mantequilla
1/2 taza de cebolla picada
100 gr. de prosciutto o jamón serrano rebanado y cortado en tiras delgadas
Una copa de vino blanco seco
Medio kilo de tomates sin semillas ni piel, cortados en cubos
Sal y pimienta recién molida.
Cocinar la cebolla en la mantequilla hasta que esté ligeramente dorada. Añadir el prosciutto y cocinarlo por un minuto. Luego agregar el vino, mezclarlo y dejarlo hasta que se reduzca a la mitad de líquido. Entonces incorporar los tomates, la sal y la pimienta y cocinar por cinco minutos (ella recomienda sólo 2 o tres minutos, pero eso sólo funciona con tomates italianos de lata, que han sido madurados lentamente al sol). Por último mezclar los chícharos y servir.
Hay quienes no pueden comer pasta sin agregarle queso, pero en este caso no se requiere y queda mucho mejor sin él. Aunque, desde luego, en gustos se rompen géneros.
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miércoles, 3 de septiembre de 2008
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